La Silla Del Sol

En estos espantosos días de calor voy por mi tercera semana de práctica y si me preguntan qué he aprendido definitivamente respondería que, por sobre todo lo demás, he aprendido a compartir con personas de personalidades tan variadas como ricas; personas que saben lo que es trabajar toda la vida, literalmente, personas que gozan con cosas sencillas, personas que agradecen de corazón un vaso de agua, que casi nunca llega.
Llegué tímidamente un lunes que amenazaba con lluvia y que finalmente en la tarde dio paso a una copiosa lluvia que impidió seguir con el trabajo y me permitió empezar a buscarles conversación a este grupo de hombres que me miraban con cara de “qué hace ella aquí”. Algunos se soltaron más rápido y al correr los días hasta me contaban asuntos de su vida privada, otros siempre tímidos, pero me saludaban ya con una sonrisa por las mañanas. De cada una de las personas que he conocido rescato alguna enseñanza, todos han aportado. Los conocimientos más técnicos los rescato del Autocontrol de la Obra que a pesar de no conversar mucho, se ve su buena voluntad para entregarme algo de su experiencia. Rodrigo, el gásfiter, todo un personaje, realiza mil oficios distintos y sólo tiene 28 años; pero como él mismo dice “la vida es una sola y hay que vivirla”, de él rescato la alegría permanente, la buena voluntad, el caudal de temas de conversación y de historias que contar y su interés por estar aprendiendo siempre cosas nuevas; lo que le ha valido tener siempre “alguna peguita”.
También he visto cuáles son los motivos por los que una obra se va atrasando, fácilmente solucionables, si los trabajadores supieran exactamente a quiénes recurrir o cómo comunicarse con esas personas. Cosas tan simples como “se acabó el teflón”, “falta más cobre” o un poco más complicado como “necesitamos urgente una motobomba”.
He visto también el liderazgo innato que surge casi de inmediato, los llamados líderes informales, de quienes depende la disposición al trabajo de todo el grupo. El tercer día en la obra me divirtió mucho la reacción de todos cuando apareció El Jefe, hasta los operadores de máquinas (que no habían hecho nada en toda la mañana) tomaron su pala o la picota, al escuchar que no se podía perder el tiempo.
Conocí a un grupo de trabajadores de Parral organizadísimos y muy simpáticos, todos Bacheletistas, que saben reconocer perfectamente cuando se puede echar la talla y cuando no. No necesitan más supervisión que la de ellos mismos, se autoexigen para hacer las cosas bien y rápido. Cuando hay que trabajar, se trabaja, se agacha la cabeza y se trabaja hasta que se acaben las fuerzas o los materiales (por lo general son los materiales).
Tal vez debería rescatar la experiencia laboral, pero me ha llenado más la oportunidad de conocer a los obreros de la construcción, a los que se llevan la menor ganancia a pesar de ser quienes en definitiva estructuran con sus manos lo que está en un simple plano, los que pasan horas bajo el sol, los que llevan su comida en una ollita que calientan con el soplete y recorren varios kilómetros en sus bicicletas para llegar a trabajar.

Comentarios

Cristian dijo…
Lo bueno es aprender algo de todas las personas con las que uno trata. Ver que el trabajo puede tener repercusión inmediata en lo que uno ordena, supervisa y verifica. Y ser empático, sobretodo. Aprender que por Dios que cuesta estar trabajando bajo el sol en estos días de pesadilla, y saber que cuando uno hace el plano hay un ejército de personas que se mueve para edificarlo. Tú sabes todo eso. :-)
cada grupo requiere un tipo de liderasgo diferente

es incrieble son como personas los ekipos.

suerte en la practica!!

ojala te kede un tiempito pa descansar para ke el verano no sea pura pega

no preocupes en "terreno de hombres" siempre miraran raro a una mina y despues nos acostumbramos a la idea y hasta nos gusta tener algo pa engordar la vista mas ke sea jajaja

nos leemos

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