12.9.06

Testamento I (los amigos)

No me reten, no es que crea que me voy a morir luego. Sólo pienso de un tiempo a esta parte que es necesario dejar constancia del cariño hacia las personas y agradecer lo que hacen por nosotros. De forma diferente, cada una de las personas que voy a nombrar ha sido tremendamente importante en mi vida y por eso quiero que lo sepan.

Priscila: compañera de curso desde kinder hasta 4º medio. Tempranamente nos hicimos amigas, visitándose también nuestras familias. Compartimos tantas Navidades, Años Nuevos, Cumpleaños. Fuimos muy amigas un tiempo, pero nos fuimos distanciando, pero es imposible recordar la época del colegio sin hablar de ella, que me hizo escuchar a Ricky Martin cuando cantaba peor que ahora y juntas cantábamos y bailábamos las canciones de los Backstreet Boys.

Loreto: es lejos la persona más divertida que he conocido en mi vida. Con nadie más me he reído tanto como para tener serios dolores de guata. Fue mi mejor amiga al menos un par de años, cuando éramos las delegadas de Biblioteca y partíamos las dos solas a buscar 40 diccionarios para las clases de Castellano y se nos caían todos por el pasillo y llegábamos a la clase casi sin poder respirar de tanta risa. Esta niña de todo puede sacar una talla, sacaba de quicio a los profesores que la echaban de la sala tantas veces. Además es sumamente cariñosa y es una de las amigas que más he querido y aún quiero.

Viviana: compañera desde kinder también. Aunque nos hicimos amigas en la media, cuando entramos juntas a un grupo de confirmación. Desde ese momento nos hicimos inseparables, participando en todas las actividades que podíamos de la Iglesia. Incluso fuimos catequistas en una comunidad rural y recorríamos 11 km en bicicleta para llegar allá. Con ella fui a misionar, que ha sido una de las experiencias que ha marcado mi vida y me ayudó a darle sentido a muchas cosas. Es hoy en día mi amiga más fiel, la que siempre me visita cuando viajo a Chillán, que siempre se preocupa por mí y sé que puedo contar con ella tal como ella puede contar conmigo.

Noelia: difícil volver a encontrar una amiga como la Noe. Con esa personalidad que tan bien entiendo y me identifica. Sólo con ella puedo hablar de algunas cosas, como animé. Si ella me recomienda una película no puedo dudar que me va a gustar. Aunque es un poco ingrata, también sé que está ahí, para cuando quiera hablar con alguien o pedirle que me acompañe a comprarme algo. Sé que es una amiga fiel y muy buena persona. Te deseo gran éxito en tu vida, amiga.

Padre Jaime: con él conocí el lado humano de los sacerdotes. Un cura cercano, amable, cariñoso, bueno. Con ideas innovadoras y amante de las grandes celebraciones de fiestas religiosas, como Pentecostés. Mi Iglesia estuvo en su apogeo cuando él fue el Párroco.

Padre Pablo: él me invitó a participar en las misiones, él confió en mí para entregarme responsabilidades a pesar de mi juventud y siempre supo apreciar mis cualidades de liderazgo y mi inteligencia. Llegó a ser un buen amigo, que se marchó lejos, porque los sacerdotes están en constante movimiento. Quisiera que él me casara.

Eduardo: mi guía de confirmación y hoy en día uno de mis mejores amigos. Debe ser la persona con la que más he peleado. Soberbio, rebelde, duro de dar su brazo a torcer. Me ha hecho salir canas verdes, pero lo quiero. Aunque llegue siempre atrasado, aunque siempre tenga mil cosas que hacer cuando lo quiero ver, igual siempre se las arregla para llegar, para estar ahí. Compañero seguro de jornadas cinematográficas y de carretes con harto para comer y poco (o no tan poco) para tomar. Es ya parte de “la familia”, como él mismo se proclamó, una especie de hermano mayor. Ojalá sigamos siendo amigos siempre. Yo sé que vas a tener éxito en tu vida, porque eres un buen hombre.

Carlos: es el que siempre me dice que sí cuando le propongo algún panorama. Buena persona, cariñoso, amable, inocente. Ha sido uno de los amigos más confiables en los últimos tiempos. Y se convirtió en amigo de “la casa”, más que sólo amigo mío. No cambies tu forma de ser Carlitos, sigue siendo tal como eres y Dios premiará tu buen corazón.

Cristóbal: tú fuiste mi soporte, mi pilar el primer año de Universidad, cuando llegué a Concepción sin conocer a nadie. Me invitaste a estudiar una vez y desde ese día siempre estudiamos juntos y nos funcionó bien. Tú fuiste el encargado de subirme el ánimo muchas veces; cuando más de alguna me quebré en miles de pedazos, con paciencia los recogiste y me armaste de nuevo, incluso dibujando una sonrisa en mi rostro. Quizás nunca te he dicho estas cosas, nunca te he agradecido lo que hiciste por mí, que me acompañaras adonde quisiera ir, que me hicieras sentir que no estaba sola. Nuestros caminos se distanciaron, pero sé que puedo contar contigo y eres una de las personas en las que más confío. Quiero que sepas que te quiero tal como eres y espero de todo corazón que seas muy feliz.

Luis:
cuántas veces estudiamos juntos, cuántas veces cocinaste para mí. Gracias. Gracias porque sé que te preocupa lo que me pase, porque tratas de ayudarme y porque me has ayudado efectivamente muchísimas veces. Quizás ahora casi no nos vemos, pero siempre vamos a tener el lazo de amistad. De ti aprendí a ser un poco más patuda, a pedir lo que quiero, a autoinvitarme a tomar once. Ojalá aproveches íntegramente los dones que tienes y triunfes en tu vida laboral y personal. Te lo deseo con mucho cariño.

Silvia:
fuiste la primera persona a la que me acerqué cuando entré a la Carrera y no conocía a nadie. Para quererte hay que conocerte bien, tienes un carácter muy fuerte y eres bastante terca cuando quieres, pero te preocupaste por mí, visité tantas veces tu casa sintiéndome como en la mía propia. Hemos peleado a muerte, pero admiro en ti la fortaleza para defender lo que crees y de ti aprendí que “no hay peor trámite que el que no se hace”. Te felicito por lo que has logrado en tu vida y que Dios te acompañe y te guíe siempre.

Cristian: ahora eres mi pololo, el hombre que amo. Pero es imposible no hablar de tu dimensión de amigo. Tú me enseñaste a decir “te quiero” a los amigos, te ganaste toda mi confianza y te he contado casi toda mi vida. Has estado en muchísimos de mis momentos más duros de los últimos años, me has aconsejado, me has escuchado, has secado mis lágrimas y me has entregado tu amor en un abrazo. Aunque nunca hubiésemos llegado a ser pololos, de todas formas tenías ganado ya un espacio en el libro de mi vida. Ahora eres mi apoyo más grande, al primero que quiero contarle todo lo que me pasa y te doy gracias por estar siempre cerca cuando te necesito. Eres un hombre sumamente inteligente, de ideas bastante claras, de valores definidos, responsable, culto y apasionado en la defensa de lo que quieres. Te amo, compañero de mis días. No tengo dudas que el futuro trae buenas cosas para ti y espero yo, no fallarte nunca y ayudarte cada vez que necesites de mí.